https://www.jpl.nasa.gov/news/news.php?feature=6584Páginas

6/6/13

La alarma por las inundaciones se traslada a Austria y al este de Alemania



La alarma por las inundaciones se traslada a Austria y al este de Alemania

EL PERIODICO DE CATALUÑA

J.M. FRAU / Berlín

Las zonas del sur de Alemania más dañadas por las inundaciones que afectan a Europa central desde finales de la semana pasada empiezan a recuperarse. Sin embargo, las situaciones más alarmantes se trasladan ahora a estados del este del país, como Brandeburgo, Sajonia-Anhalt ySajonia.
En Dresde, la capital de Sajonia, el nivel del río Elba ha superado este miércoles los 8 metros, cuatro veces más del habitual. El nivel de las aguas del río seguirá subiendo hasta el jueves por la mañana, según estimaciones del departamento de Medio Ambiente de Sajonia, por lo que se recomienda a los habitantes de las localidades más próximas a su cauce que abandonen sus casas y se trasladen a los centros de seguridad habilitados. En distintas localidades de este estado oriental, que hace frontera con Polonia y la República Checa, unas 11.000 personas han sido evacuadas en la noche del martes al miércoles.
 La alarma está llegando también a Viena, donde el río Danubio ha alcanzado este miércoles su caudal máximo histórico de 10.600 metros cúbicos por segundo, muy superior al considerado habitual, de unos 2.000 metros cúbicos por segundo, según informa el Departamento de Aguas de la capital austriaca. En agosto de 2002, cuando se produjeron también fuertes inundaciones, el caudal máximo registrado en esta ciudad fue de 10.300 metros cúbicos por segundo.
En Alemania, los estados más afectados por las lluvias torrenciales y las crecidas de los ríos han sido Baden-Wurtemberg y Baviera, al sur del país. La localidad bávara de Passau, una de las más perjudicadas, ha sufrido las peores inundaciones de los últimos 500 años y las aguas del Danubio llegaron a casi 7 metros, el nivel más alto alcanzado en más de un siglo. La cancillera Merkel visitó la zona este martes y prometió ayudas inmediatas de 100 millones de euros para paliar los daños, que se sumarán a las cantidades que aportarán los organismos de los estados afectados.

15 MUERTES


El ministro del Interior de Merkel, Hans Peter Friedrich, ha declarado el miércoles en Berlín que la situación es muy diferente según las zonas afectadas y ha destacado que en los lugares donde se mejoraron los elementos de prevención después del desastre de las inundaciones de hace 11 años, los daños son inferiores. El balance provisional en los distintos países afectados es de quince víctimas mortales y cuantiosos daños materiales. En Alemania se ha confirmado la muerte de cuatro personas; ocho en la República Checa, dos en Austria y una en Eslovaquia.

29/5/13

Meteorólogos franceses auguran un 2013 sin verano


El canal Méteo pronostica temperaturas bajas y lluvias en los países de Europa occidental
Miércoles, 29 de mayo del 2013 - 10:59h.
EL PERIÓDICO / Barcelona
·                            Tras una primavera especialmente fría y lluviosa --la peor de los últimos 30 años en Francia--, el verano no parece que vaya a ser mejor. Es lo que sostienen los meteorólogos del canal francés Méteo que auguran que el 2013 será un año sin verano, caracterizado por temperaturas bajas ylluvias inhabituales en esta época del año. Un fenómeno que no se repite en Europa desde el año 1816.


En sus previsiones, el canal Méteo sostiene que hay un 70% de probabilidades de que el próximo verano sea fresco y húmedo en los países de la Europa occidental, entre ellos Francia y España. Tras analizar diversas variantes, los meteorólogos franceses confiesan no ser optimistas: "los cálculos apuntan a la persistencia de un frío anómalodurante los tres meses de verano (junio, julio y agosto), con precipitaciones abundantes". Las temperaturas podrían ser entre dos y tres grados inferiores a lo normal. Este es el escenario medio que dibujan para el trimestre que, apuntan, también tendrá "picos de calor puntuales".
MARES MÁS FRÍOS DE LO NORMAL
Estos augurios cuentan con el respaldo de las estadísticas: desde 1960 hasta el 2000, las primaveras frías han ido ligadas a veranos frescos y lluviosos en más del 80% de los casos. Ha habido tres excepciones; los veranos de 1975, 1983 y 1995, que fueron muy calurosos.
Otro elemento en el que basan su teoría los expertos franceses es que la temperatura del agua tanto del Mediterráneo, como del Atlántico, el Mar del Norte o el Canal de la Mancha es "más fría de lo normal" --unos cinco grados inferiores en el caso de estas dos últimas zona-- y el margen de tiempo para remontar es escaso. Por contra, las previsiones son más optimistas para el este de Europa y para Rusia. 

La situación, concluyen los meteorólogos, mejorará a finales de agosto y los meses de septiembre y octubre serán calurosos.

27/5/13

2013: ¿Año sin verano? De momento, las temperaturas serán más bajas de lo normal

EL HUFFINGTON POST  |  Por 
Publicado: 
Se acerca junio y con él llegará el verano. Es la época de planificar las vacaciones, consultar las predicciones meteorológicas y esperar que el tiempo acompañe. Pero todas las alarmas han saltado a raíz de una información publicada por el canal francés Metèo. Según esa fuente, hay un 70% de probabilidades de que 2013 sea un año sin verano.
El canal asegura que el "largo y tardío" invierno que hemos sufrido en 2013 ha provocado el enfriamiento de los mares y una actividad solar débil que tendrá un efecto directo en el clima del oeste de Europa en los meses de verano. Prevén para la época estival en Francia temperaturas dos o tres grados inferiores a lo normal y probabilidades de lluvia dos veces superiores a las habituales.
La alarma no queda ahí y Metèo avisa de que en julio y agosto habrá golpes de calor de corta duración a los que seguirán fuertes tormentas y la normalidad no se recuperará hasta finales del verano. Por eso, el mejor tiempo llegaría en septiembre y octubre.
TEMPERATURAS POR DEBAJO DE LA MEDIA
Pero, ¿tiene fiabilidad esa previsión? ¿Tenemos que preocuparnos? Alejandro Lomas, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), tranquiliza relativamente a los veraneantes. "Todas esas predicciones a medio plazo tienen una fiabilidad prácticamente experimental y su validez es escasa. En cualquier caso, nunca se sabe y quizá luego veamos que ha acertado", explica a El Huffington Post.
Lomas reconoce que las predicciones que la Aemet maneja hasta el día 16 de junio, y que tienen buena fiabilidad, indican que las temperaturas van a estar por debajo de la media de esta época.
El meteorólogo advierte, además, de que los denominados "años sin verano" no son una leyenda y que sí ha habido ocasiones en que no ha habido época estival. Uno de los más famosos, según él mismo explica, fue 1816, cuando un volcán llamado Tambora, en Indonesia, entró violentamente en erupción y cubrió de cenizas "toda Europa". Eso evitó que el Sol calentara normalmente.
"En aquella época todavía no había instrumentos y muy pocos observatorios, pero se pueden sacar datos del archivo de las noticias. Y es cierto que tanto en 1816 como en otros años prácticamente no hubo verano. Eso tuvo sus repercusiones graves, como cosechas que no se pudieron recoger", indica Lomas.
Esas crónicas periodísticas de las que habla relatan que la erupción del volcán Tambora cubrió de cenizas de varios metros de espesor islas enteras. Esa nube fue tan densa que la temperatura descendió bruscamente. Eso, unido a una histórica caída de la actividad social provocó el más famoso año sin verano de la historia, recordado como "año de pobreza", "El verano que nunca fue", "El año que no tuvo verano", y "Mil ochocientos y helados a muerte".

El ingeniero Emilio Rey Hernández también se ha mostrado rotundo en su blog de20Minutos: "Nunca ha vuelto a pasar y, desde luego, no pasará este año. Podremos tener veranos más calurosos, más frescos, más o menos lluviosos, pero todos son veranos".

15/4/13

Antarctic ice melting at record rate, study shows


The evidence comes from a 364-metre ice core containing a record of freezing and melting over the previous millennium

Press Assocition
guardian.co.uk, 



Summer ice is melting at a faster rate in the Antarctic peninsula than at any time in the last 1,000 years, a new study has shown. Photograph: Nasa/AFP/Getty Images



Summer ice is melting at a faster rate in the Antarctic peninsula than at any time in the last 1,000 years, new research has shown.
The evidence comes from a 364-metre ice core containing a record of freezing and melting over the previous millennium.
Layers of ice in the core, drilled from James Ross Island near the northern tip of the peninsula, indicate periods when summer snow on the ice cap thawed and then refroze.
By measuring the thickness of these layers, scientists were able to match the history of melting with changes in temperature.
Lead researcher Dr Nerilie Abram, from the Australian National University and British Antarctic Survey (BAS), said: "We found that the coolest conditions on the Antarctic peninsula and the lowest amount of summer melt occurred around 600 years ago.
"At that time temperatures were around 1.6C lower than those recorded in the late 20th century and the amount of annual snowfall that melted and refroze was about 0.5%.
"Today, we see almost 10 times as much (5%) of the annual snowfall melting each year.
"Summer melting at the ice core site today is now at a level that is higher than at any other time over the last 1,000 years. And while temperatures at this site increased gradually in phases over many hundreds of years, most of the intensification of melting has happened since the mid-20th century."
Levels of ice melt on the Antarctic peninsula were especially sensitive to rising temperature during the last century, he said.
"What that means is that the Antarctic peninsula has warmed to a level where even small increases in temperature can now lead to a big increase in summer melt," Abram added.
Dr Robert Mulvaney, from the British Antarctic Survey, who led the ice core drilling expedition in 2008 and co-authored a paper on the findings published on Sunday in the journal Nature Geoscience.
He said: "Having a record of previous melt intensity for the Peninsula is particularly important because of the glacier retreat and ice shelf loss we are now seeing in the area.
"Summer ice melt is a key process that is thought to have weakened ice shelves along the Antarctic peninsula leading to a succession of dramatic collapses, as well as speeding up glacier ice loss across the region over the last 50 years."
The ice core record suggested a link between accelerated melting and man-made global warming. But a different and more complex picture has emerged from another region of Antarctica.
A separate US study, published in the same journal, shows that thinning ice from the West Antarctic Ice Sheet Divide cannot confidently be blamed on greenhouse gas emissions.
An ice core record from this site indicates a strong influence from unusual conditions in the tropical Pacific during the 1990s.
In that decade, an El Niño event – a cyclical system of winds and ocean currents that can affect the world's weather – caused rapid thinning of glaciers in the west Antarctic.
The spike in temperature was little different from others that occurred in the 1830s and 1940s, which also saw prominent El Niño events.
"If we could look back at this region of Antarctica in the 1940s and 1830s we would find that the regional climate would look a lot like it does today, and I think we also would find the glaciers retreating much as they are today," said lead author Prof Eric Steig, from the University of Washington.
He said the same was not true for the Antarctic peninsula, the part of the continent closer to South America. Here, more dramatic changes were "almost certainly" a result of human-induced global warming.

9/4/13

Climate change will threaten wine production, study shows


Global warming will make it difficult to raise grapes in traditional wine country, but will shift production to other regions

Suzanne Goldenberg, US environment correspondent

The Guardian, Monday 8 April 2013 18.26 BST





A study has found sharp declines in wine production from Bordeaux, Rhone and Tuscany, as well as California’s Napa Valley and Chile by 2050, as a warming climate makes it harder to raise grapes in traditional wine country Photograph: Cephas Picture Library / Alamy/Alamy


Bid adieu to Bordeaux, but also, quite possibly, a hello to Chateau Yellowstone. Researchers predict a two-thirds fall in production in the world's premier wine regions because of climate change.

The study forecasts sharp declines in wine production from Bordeaux and Rhone regions in France,Tuscany in Italy and Napa Valley in California and Chile by 2050, as a warming climate makes it harder to grow grapes in traditional wine country.
But also anticipate a big push into areas once considered unsuitable. That could mean more grape varieties from northern Europe, including Britain, the US north-west and the hills of central China.


The most drastic decline was expected in Europe. Photograph: Conservation International


"The fact is that climate change will lead to a huge shakeup in the geographic distribution of wine production," said Lee Hannah, a senior scientist at Conservation International and an author of the study.

Researchers expect big changes in regions enjoying the cool winters and hot dry summers that produce good grapes. "It will be harder and harder to grow those varieties that are currently growing in places in Europe," Hannah said. "It doesn't necessarily mean that [they] can't be grown there, but it will require irrigation and special inputs to make it work, and that will make it more and more expensive."
Wine grapes are known to be one of the most finicky of crops, sensitive to subtle shifts in temperature,rain and sunshine. The industry has been forward-looking when it comes to anticipating the effects of climate change.
Wine experts have known for several years that a hotter, drier climate would change growing conditions in many of the most prized wine regions – forcing vineyards to mist grapes on the vine to protect them from the sun, or move sensitive vines to more hospitable terrain.
But the latest findings, published in the journal Proceedings of the National Academy of Sciences, still took the researchers by surprise. "We expected to see significant shifts, but we didn't expect to see shifts like these," said Hannah.
The scientists used 17 different climate models to gauge the effects on nine major wine-producing areas. They used two different climate futures for 2050, one assuming a worst-case scenario with a 4.7C (8.5F) warming, the other a 2.5C increase.
Both forecast a radical re-ordering of the wine world. The most drastic decline was expected in Europe, where the scientists found a 85% decrease in production in Bordeaux, Rhone and Tuscany.

The future was also bleak for wine growing areas of Australia. Photograph: Conservation International
The future was also bleak for wine growing areas of Australia, with a 74% drop, and California, with a 70% fall.
Wine growers in the Cape area of South Africa would also be hit hard, with a 55% decline. Chile's wine producers would expect losses of about 40%, the study found.


Wine growers in the Cape area of South Africa would also be hit hard. Photograph: Conservation International
But climate change would also open up other parts of the world to grapes, as growers look for higher, cooler ground, the study found.
The industry is already scoping out potential new territory such as Tasmania. The findings could lead wine growers to strike out for wilderness areas around Yellowstone Park, or even scale higher into the hills of central China.
Both areas could be prime areas for wine production, the study found.
However, that search for new wine country could in turn create a whole new set of potential problems, for the wine growers of the new frontier.
Some newly identified wine growing regions of the future are wilderness areas – such as that around Yellowstone Park in the US, where there are already clashes between ranchers and wolves. In China, the suitable wine growing regions of the future lie squarely in the hill habitat of the endangered giant panda.
Both are going to be heading for those same hills.
"Wine is going to be on the move in the future as will wildlife," said Rebecca Shaw, a scientist for the Environmental Defence Fund and an author of the paper. "This adaptation has the potential to threaten the survival of wildlife."


Climate change would also open up other parts of the world to grapes, as growers look for higher, cooler ground. Photograph: Conservation International






















17/2/13

Los fenómenos meteorológicos extremos son cambio climático

EL PAIS



Un imponente temporal de nieve, frío y viento azotó el pasado fin de semana la zona occidental de EE UU, con récord histórico de acumulación de nieve y afectando a 40 millones de personas. Tres meses antes, a finales de octubre, el huracán Sandy devastó esa misma costa, además del Caribe. Incendios, olas de calor intenso en Australia, sequías en África, inundaciones y tifones en el sureste asiático... los fenómenos meteorológicos extremos se hacen hueco muy a menudo entre las noticias internacionales. Y la reacción natural de la gente es echar la culpa al cambio climático. Los científicos no lo tienen tan claro porque es difícil identificar la tendencia de estos fenómenos puntuales en la evolución del calentamiento global.
 Ahora, un reciente informe coordinado por la Universidad de Harvard(EE UU) afirma que los primeros síntomas de la influencia del calentamiento global en los acontecimientos meteorológicos especialmente fuertes o intensos están ya aquí y van a seguir estándolo. El informe ha sido financiado por la CIA dada importancia de los impactos de estos fenómenos en la seguridad nacional, ya sea en las infraestructuras, en la energía, en la producción de alimentos, en los ecosistemas naturales o la disponibilidad de agua.
La CIA financia el estudio por el impacto en la seguridad nacional
“Los cambios inesperados en la meteorología regional probablemente van a definir el nuevo clima normal, y no estamos preparados para ello”, explica Michael McElroy, profesor de Harvard. Frecuentes episodios de temperaturas extremas, menos pero más intensos ciclones tropicales, más extensas áreas de sequía e incremento de precipitaciones son los tentáculos del calentamiento global.
Aunque los estudios de cambio climático anticipan un incremento de los fenómenos extremos, es intenso el debate acerca de si ya se está manifestando o no esta tendencia. Por ejemplo, en una región en la que se han registrado históricamente sequías, es difícil culpar al calentamiento global de la que se produce en un año determinado. O los huracanes: si se genera una docena de ellos al año, más o menos, de fuerza variable, los científicos no pueden claramente determinar que se deba al cambio climático la especial intensidad de algunos de ellos o el incremento de su número durante una temporada o dos.
“El clima es, esencialmente, la distribución estadística de las variables meteorológicas (temperatura, precipitaciones, humedad del aire) o rasgos generales (calor frío, sequedad, lluvia) que se dan en una región durante un periodo de tiempo, normalmente, 30 años de datos observacionales”, explican los autores del informe de Harvard, elaborado junto a la Academia Nacional de Ciencias y la Universidad de Columbia. Es delicado encajar en esta estadística la evolución de los fenómenos extremos que pudieran estar asociados al calentamiento global, teniendo en cuenta la variabilidad natural. Sin embargo, se revela claramente el cambio en las temperaturas medias en aumento de las últimas décadas.
“Un examen cuidadoso de los recientes acontecimientos meteorológicos muestra que los casos extremos, que antes se daban con una frecuencia de uno en 100 años, ahora se dan en uno de cada 20 años o menos. Las series de datos temporales no son suficientemente largas como para proporcionar la certeza estadística que uno desearía, pero los resultados son sugerentes”, afirma el informe de Harvard.
Se ha registrado un cambio en la intensidad de las tormentas
También está cambiando la intensidad de las tormentas. Hay que tener en cuenta que el calentamiento de la atmósfera significa que es capaz de acumular más vapor de agua. “En los últimos años se han observado tormentas individuales que sueltan más agua”, señala el informe. A la vez, se ha incrementado un poco el número de sequías. En cuanto a los ciclones tropicales en el Atlántico Norte, los huracanes, los datos apuntan hacia menor número de ellos cada año, pero de mayor intensidad (no hay suficientes datos de intensidad de las tormentas para el norte del Pacífico).
En resumen, ha habido un incremento significativo en condiciones meteorológicas extremas en la última década, con sequías, tormentas, tornados, inundaciones e incendios, “y todo esto es congruente con una atmósfera más húmeda y más templada debido al desequilibrio radiactivo inducido por los gases de efecto invernadero”, dicen los expertos del estudio.
Dado el enfoque de este trabajo de investigación hacia los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos, los científicos no se limitan, sobre todo en sus predicciones para las próximas décadas, al territorio estadounidense, sino que abarcan también el Mediterráneo oriental, el sureste asiático, el norte de India, China y el Ártico, consideradas zonas estratégicas. La sequía que provoca pérdida de cosechas en una región del mundo, por ejemplo, puede provocar inestabilidad social. Lo mismo sucede con la disponibilidad o escasez de agua, o con la destrucción de infraestructuras, la explotación de recursos naturales, etcétera, con los consiguientes efectos políticos del cambio climático.

Una tormenta de nieve paraliza la costa Este de Estados Unidos

EL PAIS



La costa noreste de Estados Unidos está paralizada por los efectos de una potente tormenta de nieve, bautizada como Nemo, que está previsto que afecte a 40 millones de personas desde Nueva Jersey hasta Maine. El servicio Nacional de Meteorología ha alertado de que en algunos Estados se van a superar los 70 centímetros de nieve acumulada y se esperan rachas de viento huracanados que superen los 100 kilómetros por hora -en el aeropuerto de Boston han sobrepasado los 122 kilómetros por hora-. La alerta por tormenta en la costa este, vigente desde las seis de la mañana (doce en la Península), se mantendrá activada hasta la una de la tarde (19.00) del sábado.
El temporal de nieve ha obligado a cancelar más de 7.000 vuelos en toda la zona de Nueva Inglaterra -entre ellos aquellos con salida y llegada a Europa y América Latina- y más de 60 aeropuertos se han visto afectados. El servicio de trenes que circula a través del corredor noreste también ha interrumpido los viajes. El número de viviendas que se va quedando sin luz aumenta a medida que avanzan las horas y se intensifica el temporal. Ya son más de 400.000 personas las que no tienen electricidad en el noreste del país y las compañías eléctricas han advertido de que el número de afectados podría aumentar drásticamente. Nemo ha convertido a la mayoría de las grandes localidades de la costa este en blancas ciudades fantasma a medida iba cobrando fuerza. En casi todas, se ha suspendido el transporte público y las clases ante la llegada de la tormenta de nieve.
La ciudad de Nueva York, que aún se recupera de los efectos del huracán Sandy, se prepara para hundirse en una capa de nieve que podría alcanzar hasta un metro, según las previsiones. En Long Island casi 5.000 personas están a oscuras. Todos los vuelos con origen o destino Nueva York han sido suspendidos. Han dejado de operar sus tres aeropuertos: el John F. Kennedy, el de La Guardia y el Newark Liberty Airport. Un hombre ha fallecido en el Estado de Nueva York tras ser atropellado, según ha informado el Instituto de Meteorología en su página web. El conductor del vehículo ha asegurado a la policía que perdió el control del coche por culpa de la nieve. El servicio de metro ha alertado de que “los cortes en el transporte se podrían suceder durante todo el día”. Se ha anunciado el cierre de algunas líneas a partir de las 10 de la noche y varias rutas de autobús urbano también se han interrumpido.
En Central Park la nieve, sobre las nueve de la noche, sólo había alcanzado los cinco centímetros de grosor, según el Servicio Nacional de Meteorología. Al filo de la medianoche, el aeropuerto de La Guardia registraba alrededor de 10 centímetros y en el de McArthur, en Long Island, llegaba a los 40 centímetros. La ciudad ha esparcido más de 250.000 toneladas de sal por las calles de la ciudad. "Esperamos que las previsiones sean exageradas sobre la cantidad de nieve, pero nunca se sabe", dijo este jueves el alcalde. De momento, el diseñador Marc Jacobs ha decidido posponer su desfile del próximo sábado en la Semana de la Moda que se está celebrando estos días en Nueva York.
El gobernador de este Estado, Andrew Cuomo, decretó el estado de alerta en previsión de los vientos de hasta 80 kilómetros por hora y las fuertes tormentas de aguanieve que se han pronosticado. "Se deben evitar los viajes innecesarios tanto antes como después de la tormenta ya que las carreteras estarán heladas e incluso con gran acumulación de nieve en algunas zonas”, ha advertido Cuomo.
En Boston, unas de las localidades que está soportando lo más duro del temporal, la nieve ya ha alcanzado los 30 centímetros en el centro histórico de la ciudad -se estima que llegarán a concentrarse hasta 40 centímetros en el centro de la ciudad-. En el aeropuerto de Logan, que ha cancelado todos sus vuelos, se han registrado ráfagas de viento de más de 122 kilómetros por hora. Los efectos de la tormenta ya han comenzado a sentirse. 5.400 vecinos se han quedado sin electricidad, el metro y el servicio público también se han suspendido. El alcalde de la localidad, Tomas Menino, ha comparado esta tormenta con la ventisca que azotó la ciudad en 1978. Entonces, miles de personas se vieron atrapadas por el temporal y 100 perdieron la vida.
Los Estados de Rhode Island, Nueva Jersey, Massachusetts y Connecticut también han decretado el estado de alarma en previsión del fuerte temporal de nieve y viento. Los gobernadores de Massachusetts, Connecticut y Rhode Island han prohibido circular por las carreteras del Estado; en Nueva Jersey, las autoridades han ordenado la evacuación de algunas localidades de la costa ante el riesgo de inundaciones; en una carretera de Maine, 19 vehículos han chocado como consecuencia de la mala visibilidad derivada de la fuerte ventisca que ya ha llegado a la zona.
En Massachusetts, según las previsiones, la acumulación de nieve podría alcanzar casi los dos metros en algunas zonas del territorio y las ráfagas de viento superarán los 110 kilómetros por hora. Aunque el Servicio de Meteorología ha rebajado los centímetros de nieve que se esperan, el fuerte viento ya ha comenzado a abatir postes de electricidad y más de 5.000 personas están sin luz en ese Estado, tal y como advirtió su gobernador, Deval Patrick, en rueda de prensa. "Todos los vehículos deben permanecer fuera de las carreteras, pasado el mediodía. Se prevén cortes de luz y ha que tener cuidado ante las posibles caídas de árboles”, ha añadido. La planta nuclear de Pilgrim ha sufrido un apagón debido a una bajada de tensión en la red eléctrica, informa la CBS.
En Nueva Jersey, uno de los territorios más azotados por el paso de Sandy, se esperan tormentas de lluvia y nieve, fuerte oleaje y granizo. "Tenemos listas 1.400 máquinas de nieve y 650 camiones preparados para esparcir toda la sal que sea necesaria", ha indicado su gobernador, Chris Christie Los ferrys han adelantado su hora de cierre debido a la tormenta y los servicios de autobús público han quedado suspendidos desde las ocho de la tarde, hora local.
Connecticut es el Estado que más nieve ha registrado. A las nueve de la noche, varios de sus condados habían acumulado 30 centímetros de nueve, según el Servicio Nacional de Meteorología. En New Hampshire, Maine y Vermont se esperan fuertes inundaciones y se ha alertado ante la posibilidad de heladas en las carreteras. Estos tres últimos Estados sufrirán los estragos del temporal con más intensidad este sábado, según ha informado el Servicio Nacional de Meteorología.

22/1/13

What is causing Australia's heatwave?


THE GUARDIAN


Does the country's record-breaking heatwave have something to do with climate change?


Bushfire smoke obscures the sun in Tasmania. It is very unusual to have such widespread extreme temperatures – and for them to persist for so long. Photograph: Kim Foale/EPA
Australia has started 2013 with a record-breaking heat wave that has lasted more than two weeks across many parts of the country. Temperatures have regularly gone above 48°C, with the highest recorded maximum of 49.6°C at Moomba in South Australia. The extreme conditions have been associated with a delayed onset of the Australian monsoon, and slow moving weather systems over the continent.
Australia has always experienced heat waves, and they are a normal part of most summers. However, the current event affecting much of inland Australia has definitely not been typical.
The most significant thing about the recent heat has been its coverage across the continent, and its persistence.
It is very unusual to have such widespread extreme temperatures — and have them persist for so long. On those two metrics alone, spatial extent and duration, the last two weeks surpasses the only previous analogue in the historical record (since 1910) – a two-week country-wide hot spell during the summer of 1972-1973.
A good measure of the spatial extent of the heat is the Australian-averaged maximum daily temperature. This is the average of the highest daily temperature of the air just above the surface of the Australian continent, including Tasmania. The national average is calculated using a three-dimensional interpolation (including topography) of over 700 observing sites each day.
On Monday and Tuesday last week (January 7 and 8) that temperature rose to over 40°C. Monday's temperature of 40.33°C set a new record, beating the previous highest Australian daily maximum of 40.17°C set in 1972. Tuesday's temperature came in as the 3rd highest on record at 40.11°C.
The accompanying map of temperatures shows just how much of the country experienced extremely high temperatures, with over 70% of the continent recording temperatures in excess of 42°C.


Highest daily maximum temperature during the first two weeks of January. Source: Australian Bureau of Meteorology
And it's not like these sorts of days occur that often. The records set last week sit between two and three standard deviations above the long-term January mean of 35°C.
Perhaps more unusually, the Australian mean temperature (representing the average of the daytime maximum and night-time minimum) set record high values on both days at 32.22 (January 7) and 32.32°C (January 8), that were well above the previous high of 31.86°C, set in 1972.
However, it is really the duration of this extreme heat wave that makes it so unusual, and so significant in terms of impacts.
While some towns in Australia are famous for their extended runs of hot temperatures, the limited geographical nature of those events distinguish them from this January's heat wave. Multiple days of extreme heat covering most of the continent are both rare, and isolated.
It is not that common for the Australian-average temperature to exceed 39°C for even two days in a row. A run of three days above 39°C has occurred on only three occasions, and a run of four days just once, in 1972.
The current heat wave has seen a sequence of Australian temperatures above 39°C of seven days, and above 38°C of 11 days straight.
The sequence of Australian mean temperature has been just as impressive. As things currently stand, the first two weeks of January 2013 now hold the records for the hottest Australian day on record, the hottest two-day period on record, the hottest three-day period, the hottest four-day period and, well, every sequential-days record stretching from one to 14 days for daily mean temperatures.
The number of records that have tumbled for individual sites are now too numerous to catalogue here, and the Bureau of Meteorology has prepared a Special Climate Statement with a detailed analysis the temperature records broken. The list of records is limited to just those stations with at least 30 years of records.
So, does all this have something to do with climate change?
To put it in context, we need to look at the influence of background changes in the climate system.

The planet is warming, and so is Australia

Planet Earth is warming up. Climate scientists use a range of different indicators to track global warming. These include ocean heat content, sea surface temperatures, sea level, temperatures in the lower and middle troposphere, and the rate of melting glaciers and ice sheets.
The surface of the earth, as measured by global mean temperature, has warmed by about one degree Celsius during the past hundred years, and the decade from 2001 to 2010 has been the warmest we have recorded.
This warming has been strongly attributed to increasing greenhouse gases from human activities. While there are a number of influences on the climate system, such as changing solar radiation and changing atmospheric aerosols, it is very clear that warming has been dominated by increased carbon dioxide levels.
The globe doesn't warm uniformly everywhere, due mostly to natural regional variations in climate. In Australia, land temperatures and the temperatures of the surrounding oceans have warmed by approximately 1°C since 1910, fairly close to the global trends.

A warmer planet means a warmer atmosphere for all our weather and climate

As the climate system warms due to increasing greenhouse gases, more energy is retained in the lower atmosphere. That extra energy influences all our weather and climate.
In essence, every weather system and ocean current operates in a climate system that is now, on average, a degree warmer than a century ago.
In this way, the impact of global warming is clearly observed in a distribution shift of daily weather, as well as shifts in monthly and seasonal climate, to higher temperatures. As is now communicated by many climate scientists, the warming planet is loading the climate dice in favour of warmer conditions.
So, while the "cause" of an individual weather event, including heat waves, is always proximally linked to antecedent weather conditions — it is possible to determine the influence of climate change on the frequency of occurrence of such an event. This is expressed by the increased likelihood that these extreme events will occur in comparison with the past, or in comparison with climate modelling scenarios of an unchanging climate.
Even further, the antecedent weather conditions in the January heat wave have themselves displayed the influence of a warming world.
The lead-in climate conditions for this event were four months of very warm temperatures across Australia. September to December 2012 was the warmest such period on record (since 1910) for daily maximum temperatures.
During November, a precursor of the January heat wave affected many parts of the country for a prolonged period. It set the highest spring temperature on record for Victoria (and NSW fell just short of its record; it couldn't beat the extreme heat that occurred in 2009). In this context, the recent heat wave is little more than an extension of a record hot four months for Australia, made worse because it is mid-summer.

We're seeing more record-breaking heat events than cold events

A relatively small change in the average temperature can easily double the frequency of extreme heat events. Australia has warmed steadily since the 1940s, and the probability of extreme heat has now increased almost five-fold compared with 50 years ago.
Within the past decade, the number of extreme heat records in Australia has outnumbered extreme cold records by almost 3:1 for daytime maximum temperatures and 5:1 for night-time minimum temperature.
The duration of heat waves has increased in some parts, especially in the northern half of the continent. Put another way, the frequency of abnormally hot days (above the 90th percentile) has increased by 30% and the frequency of hot nights (above the 90th percentile) has increased by 50%.
It is worth noting the summer just gone in the US was the warmest on record, with extreme heat records broken at a rate never previously seen before. Studies here and overseas are now showing that many of the recent extreme summer heat events around the world — such as the European heat wave of 2003, the Russian heat wave of 2010, and US heat waves during 2011 and 2012 — would have been very, very unlikely without the influence of global warming.
Global warming is not only warming summer but also broadening the summer-like period of the year, creating the perfect set-up for record extreme heat.
Of great concern in Australia is the substantial increasing trend in severe fire weather — weather conducive to the spread and intensification of bushfires and grass fires — in about half of the monitoring sites studied around the country, with a concentrated increase in the southeast of the continent. The fire season is now longer, reducing the time for preparation such as fuel reduction.
Again this is not surprising, and has been predicted in advance — the combined impact of warming and cool season drying is increasing the fire danger in a region already highly fire prone.

We expect extreme warm weather events will occur more often

Future warming of the climate due to greenhouse gas emissions will very likely lead to further increases in the frequency of unusually hot days and nights and continued declines in unusually cold days and nights.
These changes will result in weather events which are increasingly beyond our prior experiences.
And it's not just temperature extremes. Climate model projections indicate that the frequency of many different types of extreme weather will change as the planet warms.