10/9/09

Puntos de inflexión II: La desaceleración o interrupción de la corriente del golfo


By Nelson Vásquez ... - Posted on 02 January 2009





Cuando hablamos de Cambio climático el pensamiento que nos asalta de manera general es el de un planeta más caliente debido al incremento de la temperatura media global y, tal vez, esto lo asociamos a otro tipo de efectos que se puedan derivar de aquello. Y, lógicamente, así es. Efectivamente el cambio climático del que somos testigos en nuestros días se sustenta en un incremento térmico impulsado, en gran medida, por causas antropógenicas.
Pero a la hora de cuantificar los posibles impactos que este fenómeno tendría en el normal funcionamiento del sistema tierra y en el modo de vida de la población que lo habita, quizá nos quedamos cortos. Todavía no existen certezas absolutas sobre muchos efectos consecuentes.
Un tema que trasnocha a los principales centros de investigación del clima, y que además es motivo de controversia entre científicos, es la posible desaceleración o interrupción de la corriente del golfo. Uno de los llamados puntos de inflexión en la lucha contra el cambio climático.
Y aunque la interrupción de este sistema de transporte oceánico se estima como un hecho extremo, remoto y poco probable, su desaceleración parece no tener retroceso, incluso podría ya estar en curso. Los datos obtenidos a través de estudios realizados por diferentes organizaciones dan cuenta del impacto que el deshielo del Ártico y de Groenlandia puede tener sobre su velocidad y su flujo de agua característicos.
Los océanos tienen una influencia marcada en la determinación climática zonal, sus características físicas ofrecen la posibilidad de regulación térmica gracias a su gradual absorción y liberación de calor, y en gran medida a la circulación de sus aguas a través de la conocida cinta transportadora oceánica o circulación termohalina. La corriente del Golfo hace parte de ese gran sistema circulatorio oceánico, se origina como una fuerte y cálida corriente en el Golfo de México, debido a que allí emergen otras tres corrientes: las de Florida, Cuba y Ecuatorial del norte. La corriente del Golfo es de una importancia vital para los países de la costa del Atlántico, es la corriente oceánica más rápida del mundo, el volumen de agua que compone su flujo es formidable. En total su flujo medio es de 100 sverdrups, que es 100 veces más grande que el del rio Amazonas (las corrientes oceánicas se miden en sverdrups, un sverdrups es el flujo de un millón de metros cúbicos de agua por segundo y kilómetro cuadrado). Después de dejar Florida la corriente alcanza entre 80 y 150 kilómetros de anchura y entre 800 y 1200 metros de profundidad. La temperatura de sus aguas superficiales alcanza entre 30 y 35 grados, con una velocidad de entre 1.2 y 2.7 m/s.
Su importancia estriba en el gran aporte de calor que hace a Europa occidental y que contribuye de manera apreciable en el clima templado de esta zona. En su tramo norte la corriente del Golfo tiene una temperatura mucho mayor que las aguas que la rodean con diferencias de hasta 8 grados Celsius, su aporte de calor en la zona norte del Atlántico equivale al que generaría un tercio más de luz solar sobre el continente. Pero esto podría estar cambiando.
¿Cuál es la amenaza real para que las características de este flujo puedan cambiar?
El científico norteamericano Wally Broecker fue el primero en dar a conocer que las corrientes que atraviesan el Atlántico norte dependen de condiciones árticas cerca de Groenlandia. Las aguas de la corriente del Golfo, como se dijo antes, son templadas y se vuelven más saladas debido a la evaporación en su fluir hacia el norte; el agua salada es más densa que el agua dulce, y de no ser porque en su recorrido las aguas de debajo son más frías y densas, esta se hundiría. Solamente cuando las aguas de esta corriente alcanzan el enfriamiento al entrar en contacto con el hielo ártico logran hundirse a grandes profundidades formando una cascada en la mitad del océano, la que constituye la central eléctrica que le da vida a todas las corrientes oceánicas del planeta, el motor que impulsa el proceso de circulación.
Pero este proceso se está viendo afectado por el deshielo del Ártico y Groenlandia. El agua dulce atrofia la corriente del Golfo porque diluye la salinidad e impide que se sumerja, ocasionando la ralentización o en el peor de los casos la interrupción de la circulación de los océanos del mundo.
El último informe del IPCC da a conocer algunas evidencias al respecto. Cuenta que “a escala continental, regional y de la cuenca oceánica se han observado numerosos cambios climáticos a largo plazo. Estos incluyen cambios en la temperatura y el hielo árticos, cambios generalizados en la cantidad de precipitación, la salinidad de los océanos, las pautas de los vientos y las condiciones climáticas extremas, como sequías, fuertes lluvias y olas de calor”. Las temperaturas medias árticas aumentaron casi el doble que la media mundial durante los últimos 100 años y el ritmo de deshielo se está acelerando. Si el norte helado se derrite podría liberar un flujo potencial de agua dulce capaz de incidir de manera directa en el mecanismo de la circulación oceánica, al que se sumarían las crecientes precipitaciones en toda la región.
Según información recopilada el Atlántico tropical se está volviendo más salado, mientras que tanto el norte como el sur del Atlántico polar se están volviendo más dulces. El cambio se debe a un aumento en la evaporación cerca del ecuador y al aumento de las precipitaciones en los polos. Las previsiones apuntan que debido a la salinidad creciente en el Atlántico tropical, la corriente del golfo aumente su velocidad antes de su interrupción. El calor adicional transmitido a los polos desde el trópico contribuiría a derretir más hielo hasta que se desmoronara completamente el sistema.
Pero, de ser así ¿que pasaría?
Posturas sensacionalistas apuntan a un regreso de las condiciones árticas de Europa y la Costa Este de América del Norte. Pero esto es casi improbable debido a que cuando esto suceda es posible que el cambio climático se encuentre en un notable avance y el ártico y Groenlandia ya hayan perdido gran parte de su cubierta helada. Un efecto contrarrestaría al otro.
Dada la poca probabilidad de que esto ocurra en este siglo, el debate ya no debe centrarse en como la corriente del golfo al desacelerarse o detenerse afecta o no a determinada región; sino en que si llegara a ocurrir habremos llegado a un punto en donde el cambio ya no tendrá retorno, estaremos dando pasos hacia unas condiciones climáticas completamente diferentes.
Fuentes: El clima está en nuestras manos. Tim Flannery
La Venganza de la tierra. James Lovelock


Nelson Vásquez Castellarwww.elobservadorm.blogspot.com

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